El gran Houdini era un mago maestro al igual que un fabuloso cerrajero. Presumía de que podría escaparse de cualquier celda de cárcel del mundo en menos de una hora, condicionado a que se le permitiera entrar a la celda vestido en su ropa de calle.
Un pequeño poblado en las islas británicas construyo una nueva cárcel de la que estaban sumamente orgullosos. Enviaron un reto a Houdini: “venga a probarse con nosotros”. Houdini adoraba la publicidad y el dinero, por lo que acepto. Para cuando llego, la emoción alcanzaba niveles de fiebre.
Llego triunfante al poblado y camino hasta la celda. Sudaba confianza por los poros cuando se cerro la puerta. Houdini se quito su saco y comenzó a trabajar. Escondido en su cinturón, había un pieza de acero flexible, fuerte y durable de 25 centímetros que utilizo para trabajar en la cerradura.
Al termino de treinta minutos había desaparecido su expresión de confianza. Al final de una hora estaba empapado de sudor. Después de dos horas, Houdini literalmente te desplomo contra la puerta -que estaba abierta.
Vera: jamás había estado cerrada -excepto en su propia mente- lo que significaba que estaba cerrada tan firmemente como si un millar de cerrajeros le hubieran puesto sus mejores cerraduras.
LA MAYORIA DE LAS PUERTAS CON CERRADURA ESTAN EN SU MENTE