La evolución de la sociedad depende de su cultura y, en nuestros tiempos, buena parte de la cultura depende de los medios de comunicación.
Los medios de comunicación deben, por tanto, presentar la realidad de forma correcta, utilizando los hechos y razonando a partir de ellos.
Evidentemente, los razonamientos relativos a la política, a las actuaciones de los gobiernos son incompletos y su análisis suele llevar incorporada una componente subjetiva dependiente de la persona que realiza el análisis.
Sin embargo, cuando se seleccionan los hechos y se mezclan con la finalidad de obtener una conclusión, el resultado es manipulación.
En los últimos años hemos ido descubriendo cómo muchos medios se desviaban hacia la manipulación política, hacia programas pseudocientíficos que no sólo no aportan cultura a la población sino que la proveen de datos o análisis manifiestamente erróneos o contrarios a los hechos conocidos, de los que se deducen teorías claramente y evidentemente falsas.
Estas falsas especulaciones basadas en datos seleccionados y manipulados son una de las fuentes de la incultura.
La mayoría de los medios de comunicación han caído en la creación de programas o secciones pseudoculturales o pesudocientíficas: secciones de ocultismo o astrología, programas pseudocientíficos o documentales pseudocientíficos.
En estas secciones y programas no se salva ninguna de las ramas del conocimiento